Escribir no es un trabajo… por eso hazlo gratis, ponlo en internet y tranquil@ que ya alguien, se lo apropiará y te quitará la autoría.

Ayer entré en mi cafeteria preferida para lograr olvidar la frase que alguien querido me acababa de decir después de una acalorada discusión sobre mi futuro.

– “Escribir no es un trabajo”

La discusión vino a resumir  mi realidad, que si quiero escribir que lo haga gratis porque nunca me van a pagar por ello. Mejor que me vaya a quemarme los ojos “al sitio ese donde trabajo” que por lo menos, aunque poco, me pagan. Eché un vistazo a las estanterías de libros que tenía alrededor esperando encontrar un libro nuevo donde ahogar mis crecientes sentimientos de frustación.

Y en esas estaba cuando vi tres personas que entraban en el recinto. El que iba delante era un hombre alto, de edad dudosa, muy delgado casi huesudo. Era de pelo largo, rubio mezclado con canas. Llevaba dos pequeñas trenzas en las sienes que acababan recogidas en una cola baja con el resto del cabello.

Como si fuese un poco miope se acercó a mi achinando los ojos y me preguntó si venía a la charla. Yo casi de inmediato dije que no, él se disculpó y se reunió con la con la gente que había llegado y les indicó que se acomodaran en el sofá contiguo a mi mesa.

cafe-libreria-la-libre

Entonces sacó un libro de su mochila y lo enseñó al resto.

– Este es el libro del que os hablaba – Enseguida llamó mi atención los alagos de los otros dos interlocutores que hacían pensar que era un libro verdaderamente interesante o importante.

El de la coleta, viendo el entusiasmo siguió ensalzando el libro, incluso nombrandolo como el “libro esencial de la vida”. Como una desesperaba me movía de un lado para otro en mi asiento intentando ver el título sin parecer muy descarada pero en cuando me di cuenta el miope me miró y subió las cejas. Entonces le pregunté bastante nerviosa:

– ¿Qué libro es? ¿de que autor? –

– Son los fundamentos del Samkya – Yo puse cara de poker porque no quería que se notara mi ignorancia – y el autor… es desconocido

La conversación siguió, incluso me quedé a la charla. Pero algo se me quedó grabado:

“Un tratado considerado como esencial en ciertas culturas ni siquiera tiene autoría” Pobre hombre o mujer que no se le reconoció la autoría de su obra y seguro que tampoco pudo vivir de ello. Pero no solo eso, se vé que hubo conflicto entre todos los que se lo querían apropiar que al final consensuaron que la autoría era de un ser mitológico medio humano medio ofidio. Porque sabemos que l@s human@s no podemos hacer cosas TAN buenas… Ahí lo dejo.

 

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