La maldición del conocimiento

Se trataba de un experimento planteando un sencillo juego, que consistía en dividir  a los participantes en dos grupos, unos era los repiqueteadores y otros los oyentes.

El primer grupo recibía una lista de 25 canciones conocidas, como el “cumpleaños feliz” y otras melodías conocidas. De entre las cuales debían escoger una y repiquetear, es decir, dar golpecitos en la mesa con el ritmo de la canción frente a un oyente. Este último debía adivinar la canción, y no tenía acceso a la lista de canciones.

Lo que hizo que el resultado fuera merecedor de una tesis, fue el hecho de que se le preguntaba a los repiqueteadores que predijeran el porcentaje de los oyentes que acertarían la canción. Pronosticaron un 50%. Parece lógico ¿no?

La tarea de los oyentes en este juego era bastante ardua. Se repiquetearon 120 canciones, de las cuales los oyentes solo acertaron o prácticamente adivinaron 3.  Es decir, el 2,5%. Muy por debajo del esperado 50% que esperaban poder transmitir los repiqueteadores.

Me gustaría haber estado allí para ver las caras de estos últimos al ver lo mucho que les costaba a los oyentes hacerse con la melodía. Debieron pensar “Si está clarísimo”. Si no, intenta tu mism@ dar golpecitos en la mesa al ritmo del Feliz Cumpleaños.  Parece claro ¿verdad?. Ahora pide a alguien que lo intente adivinar sin darle pistas.

Seguramente esa otra persona solo escuchará golpes aislados y pensará que esta vez si que se te ha ido la cabeza…

Y no andará muy lejos, porque es en tu cabeza donde está la melodía del Feliz Cumpleaños por eso para ti es tan evidente. Tu tienes ese conocimiento, el dato que te deja escuchar la canción. Tu víctima no. Por lo tanto, acaba de recaer sobre ti la maldición del conocimiento.

Más allá de experimentos caseros, esto se repite en nuestro alrededor en todo momento. Entre  los componentes de una familia, en el colegio, en las empresas, en la política, en las novelas, en las series de televisión, etc

¿A qué me refiero exactamente? A creer o dar por hecho lo que sabemos de sobra y no esforzarnos en asegurar que el mensaje llegue correctamente. Hay que asegurar que el otro escucha exactamente, o lo más cercanamente posible, la “melodía” que queremos transmitir o expresar.

En resumen, creemos que cuando hablamos lo estamos dejando todo claro, tal y como lo pensamos, pero ¿Que le llega a la otra persona?

Seguramente, menos de la mitad… un 2,5% tal vez.

 

 

(Elisabeth Newton se doctoró en Psicología con el estudio del juego que se describe aquí y sus sorprendentes resultados.1990. Stanford )

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4 Comments

  1. Muy bueno!! Me gusta como mezclaste el conocimiento que ese estudio te aporto con tu analisis personal!!
    Me gusto mucho tu blog! Espero puedas pasarte por el mio y contarme que te parecio, soy nueva por aquiii. Desde ya gracias y disculpa las molestiasss..

    unsolocaracter.wordpress.com

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    1. No es ninguna molestia. Al contrario. Seguro que me pasaré por tu rinconcito a visitarte, por aquí hay muy buenos bloggers. Saludos.

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    1. Totalmente de acuerdo contigo. Cuando alguien escribe algo sabe lo que había en su cabeza cuando lo escribió y todo le cuadra, pero la persona que no, no tiene la misma perspectiva, tal como dices. Un abrazo

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