El nacimiento de Marte

Juno miraba de reojo a su marido, mientras este cual parturienta, rondaba de un lado a otro quejándose de su dolor de cabeza. De pronto un bulto que se movía de un lado a otro pareció surgir de la cabeza de Júpiter, este ya muy dolorido pidió que le abrieran la cabeza y de allí surgió Minerva, una preciosa niña. Nada más verla, su padre dijo que había valido la pena los dolores, había tenido a la diosa de la guerra y la sabiduría, su hija más querida y preferida. Juno celosa entró en cólera. Y le pidió explicaciones a Júpiter

– ¡Solo conmigo puedes tener descendencia! Yo soy la juventud y la fertilidad ¿cómo ha podido surgir eso de tu cabeza? – Dijo señalando a Minerva, que ya armada y preparada para la guerra había agarrado la mano de su padre. Este le dedicó la mayor de las sonrisas y se apresuraron a salir a la tierra. Juno celosa intentó seguirlos, pero les perdió la pista al llegar a un prado florido. 

Se quedó un momento en ese prado lleno de flores, dando vueltas, sobrevolando las flores formando un ligero remolino que pronto hizo que se formara por todo el prado una nube de polen. Llamó su atención una flor roja y dorada donde sin  duda estaba la huella de que Júpiter que había pasado por allí dejando su esencia sin darse cuenta.  Estaba a punto de seguir su rastro, cuando vio que todas las flores la alababan y le daban las gracias por el polen que había removido, que daría lugar a la nueva generación de plantas y flores. Entonces fue cuando una idea le vino a la cabeza,  agarró y tomó en su regazo al gladiolo rojo y dorado y lo balanceó como si de un bebé se tratará, impregnando a su vez a la bella flor con su propia esencia, entonces  como el pequeño gladiolo se iba convirtiendo en un precioso niño que la observaba con ojos atentos. Inmediatamente dio el anuncio de que el dios de la guerra había nacido y que era hijo de ambos, Júpiter y Juno, y que debía ocupar el lugar de Minerva que no había sido concebida con su ayuda.

Jupiter fue a conocer al nuevo dios, y vio a un niño garrido y duro como el mejor soldado. Dispuesto a triunfar en la guerra y enseguida lo reconoció como hijo suyo y le hizo entrar en el panteón, donde Minerva, ya había formado un ejercito y se preparaba para conquistar todo el mundo. 

Juno que lo presenciaba todo,  en un primer momento sonreía complacida por los designios de Júpiter, pero en cuando percibió a Minerva, se le torció el gesto y pidió explicaciones a Júpiter, no podía haber dos dioses de la guerra.

– Tranquila Juno, nuestro hijo Marte será el dios guerrero, de la intrepidez en las batallas, de temeridad ciega, será fuerza pura. – Juno dirigió la mirada a la niña que había nacido de su cabeza – ¡Ah! Pero Minerva es mucho más que eso, es la diosa de la sabiduría, de la estrategia en el combate, de las habilidades mentales, del arte, de la justicia, fuerte, guerrera … – Juno se iba alejando conforme Júpiter hablaba de su querida niñita, a la vez que se prometió a sí misma que se vengaría de él por esta ofensa.

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